Antes de encender la cámara: El nuevo rol de las productoras en Ecuador
En la industria audiovisual, el rodaje concentra la atención. Equipos, locaciones, talento, cronogramas milimétricos. Sin embargo, el impacto de una pieza comienza mucho antes del set. Se construye en las conversaciones previas, en las decisiones estratégicas que ordenan el proyecto desde su origen.
Para Valeria Suárez Rovello, cofundadora de La Gallera, productora con más de diez años de experiencia trabajando junto a equipos de marketing y creatividad. La misma que, tiene un enfoque hacia la construcción estratégica de proyectos audiovisuales desde etapas tempranas. Valeria comienza su intervención exponiendo que el punto crítico está en la definición. “Aunque el craft sigue siendo relevante, el verdadero desafío es la claridad con la que llega un proyecto a producción.” Con frecuencia, explica, “las decisiones estructurales siguen abiertas cuando el rodaje ya está en marcha: el mensaje, el enfoque, incluso el objetivo. En ese escenario, la producción termina absorbiendo discusiones estratégicas que debieron resolverse antes.”
El efecto es acumulativo. Valeria lo menciona como “ajustes en edición, cambios de dirección, redefiniciones sobre la marcha. Cada variación parece manejable, pero en conjunto consume tiempo, energía y foco creativo.” A esto se suma un impacto concreto en presupuestos, cronogramas y rendimiento del equipo. Horas adicionales, decisiones reabiertas y recursos reasignados que no estaban contemplados desde el inicio. “Más que errores individuales, lo que se evidencia es una falta de definición previa que tensiona el proceso y traslada a producción costos estratégicos que debieron resolverse antes.”
Con más de diez años trabajando junto a equipos de marketing y creatividad, Valeria Suárez ha observado que “El resultado de un proyecto empieza con la alineación temprana entre marca, creatividad y producción.” La dimensión del presupuesto o la escala del rodaje no determinan el resultado tanto como la sintonía estratégica desde las primeras etapas.
Es precisamente en ese escenario —donde la falta de definición genera costos reales— que el rol de la productora adquiere otra profundidad. Valeria hace énfasis en que “el valor ya no está solo en producir bien, sino en poder pensar junto al equipo desde antes”. Participar desde etapas tempranas implica involucrarse en la construcción estratégica del proyecto: comprender qué se busca resolver, delimitar variables críticas y asegurar que ciertas decisiones queden establecidas antes de avanzar. Ese involucramiento temprano no solo reduce fricciones posteriores; optimiza recursos, protege el presupuesto y fortalece el potencial creativo del equipo.
Lejos de añadir complejidad, este enfoque impacta en la agilidad. Un marco claro amplía la libertad creativa. Y como lo expone Valeria, “protege algo clave: el potencial de la idea.” De esta forma permite que el rodaje se concentre en ejecutar con precisión. El resultado final guarda una relación directa con el tiempo invertido en pensar antes de producir.
En un entorno donde la velocidad suele imponerse como estándar, detenerse a definir con rigor se convierte en una decisión estratégica. La claridad no se percibe en pantalla de forma explícita, pero sostiene cada encuadre, cada mensaje y cada resultado.
Antes de que la cámara se encienda, ya está en juego el impacto. Y como nos dice Valeria, “la ejecución sigue siendo fundamental, pero el impacto real depende de qué tan claro estuvo el proyecto antes”. En esa etapa silenciosa —la de las preguntas correctas y las decisiones bien tomadas— no solo se consolida el valor de la producción: también se define cuánto costará no haber estructurado todo a tiempo.