Fast fashion versus slow fashion, una lucha creativa

Dos corrientes se enfrentan en el mundo de la moda actual. La primera, denominada fast fashion, permite adquirir prendas a bajos precios, que se actualizan en velocidades récord para tener siempre una oferta nueva para el consumidor y rentable para el retailer.

Su contraparte, llamada slow fashion, es el movimiento que promueve el diseño, creación y compra de piezas de calidad que perduren en el tiempo. Esta tendencia tiene una filosofía detrás que busca una producción lenta, con salarios justos, y un menor impacto ambiental. Una de las metas de esta corriente es educar al consumidor a través de la transparencia del proceso de producción, mostrando todo lo que implica la fabricación de una prenda.

Las marcan viven en una constante lucha para llamar la atención de los compradores; buscando soluciones creativas para sobresalir en una industria tan competitiva. Por un lado, Amancio Ortega, fundador del grupo textil Inditex, creó un modelo de chain supply que abastece sus tiendas con alrededor de 100 colecciones por año.

Esta fórmula ha llevado al éxito a las marcas de Inditex como Zara, Stradivarius, Pull & Bear, Oysho, entre otras. Se trata de una receta creativa que siguen otras famosas marcas en el mundo como H&M, Mango y Forever 21, convirtiéndolas en favoritas de cientos y cientos en diferentes países.

La otra cara de la moneda es totalmente distinta pero igual de creativa. Sobre el slow fashion, la socióloga de moda argentina Susana Saulquin dijo, citada por la revista Ohlalá: «Los diseñadores no cambian de forma constante, sino que incorporan el arte. Aumentan la creatividad. Se necesita de una enorme creatividad para innovar y allí la podemos encontrar».

En el país, algunos diseñadores trabajan bajo esta tendencia, presentando al mercado creaciones únicas, con un riguroso proceso de elaboración, como Ile Miranda, Fabrizio Célleri, Cynthia Cobos y Cristina Amador, quienes estarán participando el próximo 17 de mayo en el evento El rol del diseño de moda en la economía creativa.

Aunque son dos pensamientos totalmente distintos, ambos están conviviendo en la industria, lo que nos lleva a plantearnos algunas interrogantes. ¿Están los consumidores realmente conscientes de esta realidad? ¿Consideran la filosofía detrás de estas tendencias antes de tomar su decisión de compra? ¿Nos enfrentamos ante un consumidor incoherente entre lo que expresa que desea de las marcas y lo que realmente compra? ¿O ambas corrientes han logrado sobrevivir apuntando a nichos distintos?

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